Gemma Guillamón (BCN 1983) crecí a caballo entre dos pueblos, muy ligada a la montaña, las rutas en familia, pasando tiempo haciendo deporte en la naturaleza. Recuerdo como ya de pequeña tenía claro que quería ser madre joven, tener muchos hijos y vivir en el campo. Jugaba siempre con bebés y muñecas, y cualquier cosa que pudiera mecer entre mis brazos.

Cuando tenía 9 años nació mi hermana, hecho que me marcó de forma profunda, pudiendo maravillarme con la lactancia, el desarrollo motriz y la observación del lenguaje (a día de hoy me sigue fascinando cómo aprenden las criaturas a comunicarse y expresarse ya desde el útero).

A la típica pregunta «¿qué quieres ser de mayor?» yo solía responder «médica y bruja», de hecho aún guardo una enorme colección de figuritas de bruja. Una nunca sabe por qué derroteros la vida la va a llevar… a día de hoy vivo rodeada de madres, partos, bebés, portabebés, parteras y tetas chorreantes, ungüentos y naturaleza. No puedo estar más conectada con la niña que fuí.

En 2005, embarazada de mi primera hija, y trabajando y estudiando en la ciudad de Barcelona, algo se removió dentro de mi. Apenas un mes después de ese «test positivo» había dejado el trabajo por cuenta ajena, nos habíamos mudado a mi pueblo natal, donde pude terminar mis estudios en ADE disfrutando de mi embarazo entre olivos y almendros. Decisión que mi familia no comprendió, ya que el sentimiento paterno de «vas a tirar tu carrera por la borda» estaba presente. Pero fui firme en mi sentir. No quería vivir mi embarazo en la ciudad, ni con estrés laboral, lo que aún no sabía en ese momento era, cuán transformador iba a ser ese embarazo.

En 2006 parí en el hospital. Hecho que me marcó también de forma muy profunda.

Estaba de 39.4. Pasé la tarde con mi madre, aunque mi mal humor iba en aumento, mi necesidad de cueva, de refugio en mi propia casa surgió de forma poderosa. Una noche de contracciones en la soledad del sofá, entre idas y venidas al calor de la ducha, comiendo galletas Digestive de chocolate, cerrando los ojos el rato de tregua que me quedaba entre contracciones. A las 7h de la mañana el papá se iba a trabajar. En ese instante una fuerte contracción hizo que me doblara agarrándome a una silla. Se asustó. Le animé a irse al trabajo, pues todo era «soportable», no creía estar de parto… una hora después estábamos de camino al hospital. Un trayecto en coche insoportable, falta de libertad de movimiento, la energía del miedo de mi padre y el papá envolvía el coche.

Llegamos a la puerta del hospital, otra fuerte contracción hizo que mi cuerpo se doblara nuevamente agarrándome a una farola mientras me meaba encima. Entré al hospital caminando medio encorvada, en una posición más bien simia, con la cabeza ida… en el planeta parto sin duda. Y ahí empezó el calvario (para mí) de la siguiente hora… Primer y único tacto de la matrona que me atendió «estás de 10cm», ¡hay que correr al paritorio y avisar a tu ginecólogo ya! Epidural, pujo dirigido, extracción manual de la placenta. SHOCK. Mi bebé apenas rozando mi carita para un beso, porque lo importante era lavarla, pesarla, vestirla… Qué coño acaba de pasar. Qué carajo ha sucedido desde que he entrado aquí. Todo mi trabajo natural, fisiológico, mamífero, libre que viví en mi casa, roto. R O T O. Sentí una incomprensión brutal por parte del equipo médico de lo que era una mujer pariendo de forma NORMAL. Los días siguientes luché para tener a mi hija 24h a mi lado, por la lactancia, por el contacto, por dormir juntas. En casa; porteo, teta, extractor de leche (destete a sus casi 5 años), colecho (hasta los 10 que pidió su propia habitación a lo Virginia Woolf), educar respetuosa…

Ese parto dejó una huella, junto con una episiotomía de regalo, que creó todo lo que hoy soy. Unos meses después empecé a abrir mi casa para compartir mis portabebés con otras mamás, hablar de partos y de lactancias. Me inscribí en la formación de Doula a la vez que cursaba la de Asesora de LM, y mi trabajo como porteóloga mejoraba y crecía. Eso fue a principios de 2007. Y hasta hoy, sigo llevando el Arte del porteo a cualquier rincón donde me llaman.

A los 25 años paría a mi segundo hijo en casa, a los 33 sufría un aborto espontáneo y a los 35 nacía en casa, en un lotus birth, mi bebé pequeña.

La maternidad como Camino de transformación, revolución y cambio que empezó el verano de 2005 sigue siendo mi lema. La maternidad como motor de cuestionamiento constante a la persona que soy, al sistema en el que vivo, al trato que se les da a los cuerpos vulnerables. Y esa pequeña revolución se convirtió en una Crianza muy consciente, libre, cerca de la naturaleza, respetando sus bioritmos a través del homeschooling.

Entre 2010 y 2015 tuve el enorme privilegio de cuidar de otres bebés (foto) como canguro puntual y otras, como una especie de madre de día. Poder cuidar, portear y sentir otros cuerpos vulnerables que no había parido también me enseñó muchísimo sobre los vínculos y las necesidades de la infancia.