La maternidad nos deja una huella para siempre en nuestros cuerpos

Hay cosas que las madres sentimos mucho antes de que la ciencia les ponga nombre (ya sea en la lactancia, en dormirles en brazos, no querer dejarles llorando en una cuna…).
Una de ellas es esta sensación profunda de que nuestros hijos no se van del todo cuando nacen.

Y no, no es solo emocional, es físico!

Durante el embarazo ocurre algo extraordinario llamado microquimerismo fetal. El nombre es raro de cojones, sí, rollo peli de ciencia ficción, pero lo que describe es muy sencillo y muy potente, las células del bebé atraviesan la placenta y se quedan en nuestros cuerpos maternos. No desaparecen tras el parto. Permanecen durante años, incluso décadas.

La investigación científica ha encontrado células fetales en órganos maternos como el corazón, los pulmones, la piel e incluso el cerebro. Estudios liderados por investigadores como Diana Bianchi o J.Lee Nelson muestran que estas células pueden mantenerse activas más de 30 años después del nacimiento del hijo.

Tu cuerpo recuerda a tus hijos. Literalmente. Los amamos con corazón y alma, pero el cuerpo también.

Algunas líneas de investigación apuntan a que estas células podrían participar en procesos de reparación tisular o regulación del sistema inmunológico. Aún queda mucho por estudiar, pero el mensaje es clarísimos chicas, la maternidad transforma el cuerpo de forma profunda y duradera (ya ves!!).

Y esto cambia la manera en la que miramos el nacimiento… y la crianza.

Los bebés humanos nacen inmaduros, apenas ven de cerca, no se desplazan por sí mismo hasta meses después. No es un fallo del diseño, no, es la evolución del homo sapiens( un gran cerebro). Necesitan contacto, regulación externa, brazos. El contacto piel con piel inmediato no es un capricho moderno, es una necesidad biológica. Reduce el estrés, favorece la lactancia, regula la temperatura, la respiración y el ritmo cardíaco del bebé.

El porteo es la continuación lógica de todo esto.

Cuando un bebé es porteado, su cuerpo reconoce lo que ya conoce, el movimiento, calor, latido, olor de su mamá. Su sistema nervioso se regula. Lloran menos. Descansan mejor. Se sienten seguros/as. Estudios clásicos como el de Hunziker y Barr ya mostraban que los bebés porteados reducían significativamente el llanto diario. Hoy la neurociencia del apego explica el porqué.

No es magia!!!. Es oura fisiología!

El microquimerismo fetal nos recuerda algo importante en una sociedad que empuja a separar demasiado pronto, a la individualidad, el mercantilismo, madre y bebé no se “desconectan” al nacer. La independencia no es inmediata. Es un proceso largo de años de crianza consciente. Y forzarlo tiene consecuencias reales (traumas, apego inseguro, emociones escondidas, amígdalas saturadas de cortisol por el llanto no acompañado).

Criar con el cuerpo presente y atento, disponible y amoroso, no crea dependencia.
Sostener  y criar en brazos no malacostumbra.
Acompañar con cariño y mirada, regula y construye su seguridad, su autoestima. Es decirles un gran IMPORTAS AMOR.

Soy Gemma Guillamón, asesora de porteo, doula, coach maternal y formadora. Llevo más de 21 años acompañando familias y he impartido más de 2.600 talleres de porteo y crianza respetuosa en España. He visto cuerpos agotados recuperar confianza. Bebés tensos relajarse en brazos. Madres reencontrarse con su instinto cuando alguien les dice: lo estás haciendo bien.

Con 40 años, madre de tres, mujer deportista y profesional en activo, madre de día porteadora, sigo defendiendo una crianza informada, honesta y real. Sin culpas. Sin dogmas. Con cuerpo, ciencia y sentido común.

Ofrezco asesorías de porteo online y presenciales, adaptadas a cada familia y cada momento. Porque cuando entiendes que tu hijo sigue viviendo en ti mucho después del parto, criar desde los brazos deja de ser una opción ideológica y se convierte en coherencia.

Con amor, Gemma.-

La maternidad como Camino 2005 – 2026